Toropisco de montaña

Toropisco  de montaña

George Kearsley Shaw fue un naturalista inglés, uno de cuyos principales reconocimientos consistió en haber catalogado el Museo Leveriano, creado por Sir Ashton Lever, en el que preservaron muchos materiales naturales recolectados, entre otros, por el famoso capitán James Cook, museo que, luego de haberse declarado en quiebra, fue rifado con sus 28.000 especímenes y luego desmantelado en una subasta realizada en Londres a comienzos del siglo XIX. Una de las obras de George Kearsley Shaw (quien no debe confundirse con el escritor irlandés George Bernard Shaw) había sido publicada un poco antes, en 1792, con el nombre de “Museo Leveriano, que contiene especímenes selectos del Museo del difunto Sir Ashton Lever”, y allí, en la página 197, describió el Toropisco como Coracias scutata. 

La palabra Coracias la había formado el naturalista sueco Carlos Linneo en 1758 del griego  korakías, proveniente de  korax, nombre original del cuervo, para aves con el pico similar a un cuchillo. El género Coracias está circunscrito hoy en día a avifauna del viejo mundo, por lo cual resulta curioso que se lo hubiesen asignado a un ave cuyo ejemplar tipo fue recolectado en el municipio de Nova Friburgo, estado de Río de Janeiro, Brasil. Quizá por esa razón fue reclasificado dentro del género Pyroderus, creado tiempo después por el zoólogo inglés George Robert Gray, quien dirigió durante más de cuatro décadas la sección de ornitología del Museo Británico y quien en 1840 publicó una obra bien importante titulada “Lista de los géneros de aves, con una indicación de las especies típicas de cada género, compilada a partir de varias fuentes”, en la que incluyó este género, cuya etimología se compone de los vocablos griegos piros, ‘fuego’ y dere, ‘cuello, garganta’. Es un género monotípico, lo que quiere decir que solo tiene una especie, precisamente esta.

 El epíteto específico era scutata y cambió a scutatus, palabras que significan ‘escudado, blindado, armado’. Con lo cual el nombre científico del Toropisco de montaña quedó como Pyroderus scutatus, vale decir, ‘cuello color fuego escudado’. En inglés se le denomina Red-ruffed Fruitcrow, que podría traducirse como ‘cuervo de frutas con gorguera o collar rojo’, lo que es inexacto porque no se trata de un cuervo; pero por lo demás, sí. 

Es un ave exclusiva de América del sur, desde Guyana hasta Argentina, Brasil y Paraguay. En Colombia es observable en la región andina desde los 800 hasta 3.000 metros de altitud, incluidas la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá. Han identificado cinco subespecies, según el dictamen del Congreso Ornitológico Internacional (OIC, por sus siglas en inglés) en la versión 8.1 de la Lista de aves del mundo. En Colombia están presentes dos de ellas: Pyroderus scutatus occidentalis en el centro-occidente del país y Pyroderus scutatus granadensis en el centro-oriente.

Pertenece a la familia Cotingidae, denominada así por el ornitólogo francés Charles Lucien Jules Laurent Bonaparte, quien se inspiró en la palabra “catingá”, ave colorida y brillante, en lengua tupí, hablada por las etnias indígenas cercanas al valle del Río Negro en Colombia, Brasil y Venezuela. La familia Cotingidae solo ocurre en el Neotrópico, desde el sur de México a la Argentina, y comprende 24 géneros diferentes. Está además clasificado el Toropisco de montaña en la subfamilia Cephalopterinae, que tiene cinco géneros, publicada en 1914 por el ornitólogo alemán Anton Reichenow.

Según el listado de especies biológicas amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza esta ave se encuentra en la categoría de preocupación menor. No figura en el reglamento de fauna amenazada de Colombia.

FUENTE LACRONICADELQUINDIO.COM