La fascinante historia detrás de los petroglifos del Paisaje Cultural Cafetero

La fascinante historia detrás de los petroglifos del Paisaje Cultural Cafetero

Petroglifo “Piedras Marcadas”. Dosquebradas.

Los petroglifos pueden simbolizar los escenarios de rituales para devolver la armonía a la naturaleza. Y algunos investigadores creen que son hitos fronterizos en los territorios. 

Dentro de un paisaje cultural -y especialmente el arqueológico- se debe hablar de sitios sagrados, configurados ellos como los parajes de interacción entre los seres vivientes de la naturaleza, los animales del mundo mitológico y las personas. Dentro de esta consideración se encuentran los petroglifos, como yacimientos arqueológicos que tienen la impronta de los antepasados. Derivado del sustantivo “petra” que significa piedra y “glyphos”, que puede traducirse como grabado, el término petroglifo es de amplia connotación en el país. Se encuentran generalmente en las piedras que bordean las quebradas -o propiamente en las ubicadas en el propio lecho del afluente hídrico- y se presume que esas marcas fueron dejadas por los pueblos prehispánicos, probablemente las huellas ceremoniales del ámbito religioso. A los petroglifos y a otras evidencias de pintura (pictogramas o pictografías, como las halladas en Chiribiquete), las agrupamos, dentro de una denominación usada en nuestra sociedad actual, como el Arte Rupestre (o arte antiguo). Pero, desde la interpretación de un pasado que refleja lo sagrado, esos testimonios de los primeros habitantes son -y han sido- más que arte, una respuesta al equilibrio. Y más que antiguos, están allí desde el principio del relato de sus cosmogonías. 

Los petroglifos pueden simbolizar los escenarios de rituales para devolver la armonía a la naturaleza. Y algunos investigadores creen que son hitos fronterizos en los territorios. Entre sus grabados figuran la salamandra, la rana u otros seres acuáticos y también espirales o círculos concéntricos. Así como las representaciones humanas o antropozoomorfas

El Paisaje Cultural Cafetero de Colombia (PCCC) está comprendido por 51 municipios de los departamentos de Quindío, Risaralda, Caldas y el norte del Valle del Cauca. Y también por los 35 pueblos cafeteros del departamento del Huila, tal cual lo determinó la Ley 2245 del 11 de julio de 2022, que reconoce al PCCC en sus artículos primero y segundo como Patrimonio Cultural de la Nación. También se colige, en la lectura del artículo tercero, sobre la delimitación, que los 51 municipios del Eje Cafetero están considerados por Unesco como Patrimonio de la Humanidad y que a la Ley se adicionaron las localidades del Huila, en su condición de Patrimonio Nacional. Es precisamente en estas dos extensas regiones, caracterizadas como PCCC, donde se encuentran importantes petroglifos, constituyendo ello un valor cultural e histórico del Patrimonio Arqueológico de Colombia. 

Irónicamente, cuando se hizo el estudio previo de la región del Eje Cafetero, para la inclusión del PCCC en la Lista de Patrimonio Mundial, no se tuvo en cuenta a La Tebaida, municipio que no quedó ni en el Área Principal ni en la zona de amortiguamiento. Irónicamente, porque es en esta localidad donde se encuentra el mayor número de petroglifos del Quindío. Se conocen como la “Piedra del Indio”, la “Piedra de la Familia” y la “Piedra de San José”. El primer topónimo –la Piedra del Indio– corresponde al petroglifo más conocido y que además posee en su superficie el grabado más icónico, una pareja de seres humanos danzantes. Lamentablemente fue cubierto por una borrasca del Río Espejo en el año 2010, que tapó completamente la piedra. Se encuentra debajo de un grueso banco de arena de la corriente fluvial y de él ha quedado un buen número de fotografías, una de ellas registrada por los descendientes de don Luis Arango Cardona, el escritor del famoso libro ‘Recuerdos de la guaquería en el Quindío’, y quienes aseguran fueron ellos los que registraron de él la más prístina información. 

Los otros dos petroglifos de La Tebaida se encuentran en la misma zona de influencia del Río Espejo y fueron reseñados en la primera década del siglo XXI. El asignado como la “Piedra de la Familia” recoge un historial bien singular, pues su existencia fue informada por un niño estudiante de La Tebaida, a raíz de la sensibilización que se impartía en las escuelas del municipio sobre el arte rupestre; presenta tres figuras en forma de salamandra. Mientras la “Piedra de San José”, cuyo diseño configura espirales con aproximación ornitomorfa (popularmente señalado como un búho), está en un sitio aledaño a la carretera veredal que conduce a Montenegro. Ambos están en condiciones de alta vulnerabilidad por el fácil acceso y podrían sufrir daños o afectación por vandalismo. 

Otros petroglifos del Quindío son conocidos como la “Piedra del Cacique”, en la ribera derecha del Río Quindío, jurisdicción del El Caimo, municipio de Armenia. Presenta espirales. Un quinto petroglifo se halla en la finca La Morenita del municipio de Quimbaya, conocido popularmente como “Piedra de la Salamandra” o “El Oro”. Algo común a estos dos testimonios pétreos es que las dos superficies descomunales fueron dinamitadas en años lejanos, mostrando así el enorme riesgo que corren estas evidencias ubicadas en campo abierto.

En el departamento de Risaralda también se encuentran tan importantes vestigios. En su libro ‘Los Quimbayas’ (Imprenta Nacional, Bogotá, 1970) el antropólogo Luis Duque Gómez incluye información y fotografías de las piedras grabadas en el Río San Eugenio de Santa Rosa de Cabal y también de refiere a un petroglifo localizado en la hacienda La Cristalina de Pereira. Cerca de este sitio se tiene información de la existencia de un “salado”, otro sitio arqueológico de la región. Pero el más conocido -y que es además promocionado en los recorridos turísticos- se conoce como “Piedras Marcadas”, localizado en zona limítrofe de los municipios de Dosquebradas y Santa Rosa de Cabal. Sus diseños presentan espirales, círculos concéntricos y figuras rectangulares.  

Los petroglifos más conocidos del Huila han sido los más difundidos en la promoción turística. El más famoso se conoce como “Piedra Pintada” o la Piedra de Aipe y presenta la mayor superficie grabada de este tipo de evidencias pétreas en Colombia. De forma lamentable fueron pintados sus diseños en color rojo, lo que una vez más muestra el enorme desconocimiento sobre estas manifestaciones del pasado y el irrespeto a las que son sometidas por el flujo constante de visitantes. Llaman la atención esas figuras de “Piedra Pintada”, por los detalles iconográficos de ellos, presentes en la orfebrería prehispánica del Valle Medio del Río Magdalena. 

En la población de Tesalia se encuentran otras evidencias, encontradas desde la década de los ochenta, así como en San Agustín, donde el testimonio más visitado se encuentra en la “Piedra de La Chaquira”, una losa que mira al cañón del Río Magdalena y que tiene representación antropomorfa. 

No es conveniente, ni recomendable, incluir los petroglifos en las rutas del turismo masivo. A menos que dichas visitas se reconozcan como recorridos de interpretación del patrimonio, de educación ambiental o visitas académicas. En el territorio del PCCC, todavía estamos muy lejos de considerar el desarrollo de un Turismo Cultural que los proteja.Petroglifo “Piedra Pintada” o Piedra de Aipe (Huila).Petroglifo de Tesalia (Huila).

FUENTE LACRONICADELQUINDIO.COM