¿Está preparado el Quindío para otra emergencia como la del terremoto de 1999?, expertos opinaron

¿Está preparado el Quindío para otra emergencia como la del terremoto de 1999?, expertos opinaron

Durante 1 hora y 30 minutos los participantes del foro hablaron frente a las enseñanzas que dejó el terremoto de 1999 y los retos que aún enfrenta el territorio. El escenario fue posible gracias al apoyo de la Cámara de Comercio de Armenia y el Quindío.

Los participantes del foro: ‘Terremoto de 1999: enseñanzas, desafíos y pendientes en gestión del riesgo”, concluyeron que el departamento no está preparado para afrontar un evento de tal naturaleza.

A pesar de que con el terremoto de 1999 el departamento avanzó en muchos de sus procesos como construcciones sismorresistentes y generó más conciencia ciudadana sobre la importancia de adoptar la gestión del riesgo como parte de la cotidianidad, los expertos que participaron del foro que organizó NUEVA CRÓNICA QUINDÍO y RCN Radio concluyeron que el territorio no está preparado para afrontar un evento sísmico de iguales o mayores proporciones al ocurrido hoy hace 24 años.

Armando Espinosa Baquero, geólogo y magíster en geofísica y docente de la Universidad del Quindío, dijo que el terremoto del 99 fue previsto años antes y recordó que, incluso meses antes de ocurrir, La Crónica del Quindío publicó los resultados de los estudios que evidenciaban que se estaba cerca de un gran sismo, sin embargo, pocos le prestaron atención a esa voz de alerta.

“Si ocurriera hoy el mismo sismo tal vez nos causaría los mismos daños y es ahí donde las autoridades y la comunidad tienen que hacer un esfuerzo muy grande para que todos los conocimientos que hemos adquirido desde la parte científica y técnica sean aplicados y lleguen a toda la comunidad”, señaló Espinosa Baquero.

Dijo que los desastres naturales son un tema embarazoso para la comunidad y que nadie quiere hablar de ello, sino cuando tiembla o el volcán empieza a molestar. Por eso el llamado que realizó es a pensar en los sismos antes de que tiemble y en los volcanes antes de que entren en actividad.

Desde la percepción del geólogo, el terremoto de hace 24 años generó conciencia en la ciudadanía y en las autoridades que tienen presente que existe una amenaza a la cual prestarle atención. “Hemos hecho un avance en cuanto a los fenómenos que nos pueden hacer daños, pero no hemos avanzado en la aplicación de ese conocimiento, seguimos haciendo los llenos en nuestras ciudades, seguimos construyendo sin cumplir las normas”.
 

Construcciones responsables

El ingeniero estructural con maestría en ingeniería sísmica, Mauricio Díaz Bahamón, señaló a su turno que desde la academia se ha empezado a incursionar en el conocimiento de la amenaza y del fenómeno que en algún momento puede volver a atacar, y de la mano con la normativa sismorresistente con el rigor que ha venido implementando se ha fortalecido mucho el tema del código de ética que ingenieros y los arquitectos deben respetar.

“Hay un respeto hacia las zonas que se han logrado identificar posterior al terremoto, zonas de lleno de algún riesgo de deslizamiento para que se tengan en cuenta dentro de esos planteamientos urbanos esas zonas que son más sensibles a las construcciones de gran altura, que tienen restricciones en altura por la ubicación geológica, de unas condiciones geotécnicas que no son adecuadas en algunas zonas”.

Dijo además que la normativa de construcción se ha fortalecido después del terremoto y ha buscado la forma de que los profesionales involucrados en la cadena de producción tengan más conciencia de la responsabilidad y la ética frente a los proyectos que deben entregar a la población.

“La normativa actual define algunos profesionales para que esos controles se lleven a cabo, por ejemplo, se fortalece la figura del supervisor técnico independiente que es la persona encargada de que lo que se construye sea tal cual lo que se diseñó. Se fortalecieron las curadurías y oficinas de planeación frente a la revisión de los proyectos y las notarías tienen que protocolizar el certificado técnico de ocupación, que es un documento final donde se da la garantía que esa edificación que se está entregando cumplió con la norma”, dijo el ingeniero estructural.  

Frente a este tema, el decano de la facultad de Arquitectura de la Universidad La Gran Colombia de Armenia, José Gregorio Vallejo Toro, dijo que desde la academia se están formando futuros arquitectos e ingenieros civiles que tienen como marco de referencia el territorio y cómo incorporar la norma de sismorresistencia en sus proyectos a futuro.

Sin embargo, aunque la responsabilidad no es solo de quienes diseñan o construyen edificaciones, las personas que requieren los servicios de ingenieros y arquitectos deben también acatar lo que esos proyectos de carácter profesional tienen, pues, además del control que se hace desde las curadurías, también está la consciencia de los dueños de los proyectos que lo que están construyendo cumplan con las normas.

“Desde el papel de las curadurías, hablando de Armenia, estas han venido haciendo un ejercicio juicioso con profesionales que revisan los proyectos, hay muchos casos que se devuelven para revisión. Pero sí es preocupante porque en los demás municipios donde no hay curadurías ese ejercicio de revisión y expedición de licencias las hacen las oficinas de planeación municipal donde muchas veces no se cuenta con el personal idóneo que sea capaz de corregir un proyecto”, señaló el decano.
 

Fortalecer la gestión del riesgo

Fáber Mosquera Álvarez, coordinador del programa Prepare Eje Cafetero, dijo que existe una gran dificultad en la memoria histórica colectiva porque la ciudadanía solo se acuerda del terremoto, durante el aniversario el 25 de enero, pero el resto del año no.

Dijo que es necesario fortalecer no solo el trabajo que realizan las unidades departamental y municipales de gestión del riesgo para que hagan un trabajo de prevención más efectivo, sino que desde los mismos hogares se debe hacer un trabajo de educación muy fuerte porque en muchas familias no existen y ni siquiera conocen los planes familiares de gestión del riesgo.

Mucho menos los comunitarios o los institucionales que deben implementar las empresas públicas y privadas, entidades en las cuales solo se recuerda que existen estos instrumentos justo antes del 25 de enero o cuando tiembla.

“El otro elemento que es complejo es el control urbanístico, no hay control muy efectivo, no hay control de las zonas de invasión, zonas informales de las construcciones de forma fuerte que nos permitan evitar que esas construcciones informales sin norma, procedimiento o permisos generen el caos en el momento que se genere el sismo”, señaló Mosquera Álvarez.

Advirtió que la gestión del riesgo de desastres no es solo del ente público, sino de los ciudadanos. “Compramos una casa y solo pensamos en cómo queda la cuota del banco, pero no preguntamos por el certificado que evidencie que se está cumpliendo con las normas de sismorresistencia, el estudio de suelos que diga que hay un resultado adecuado para el proceso constructivo”.

En cuanto a las unidades municipales de gestión del riesgo, el exdirector de la Udegerd señaló que de los 1.103 municipios que hay en el país casi un 80 % es de sexta categoría y no tienen recursos para el desarrollo de acciones en términos de gestión del riesgo.

“La ley solo dice que se suministre el elemento económico necesario para intervenir esos riesgos, pero el presupuesto del orden nacional no llega a los municipios de forma efectiva para ser implementados. Se necesita que los gobernantes tengan personal técnico calificado en esas oficinas, no el recomendado político sino alguien que tenga la capacidad para diseñar, gestionar para ir adelante en los procesos de gestión del riesgo de desastres”.
 

Actualizar los POT

Los panelistas del foro sobre el terremoto del 99 coincidieron en afirmar que es necesario trabajar, lo antes posible, en la actualización de los Planes de Ordenamiento Territorial de los municipios, ya que estos fueron formulados hace más de 20 años y para el caso de Armenia se hizo en el 2009 por lo que se necesita urgentemente la incorporación de todos los estudios de riesgos y zonificación para comenzar a actualizarlos.

Señalaron que el factor fundamental para planear acertadamente los municipios son esos nuevos POT, sin estos instrumentos difícilmente se podrá tener unas posturas técnicas y científicas para promover el desarrollo a futuro del territorio.

“Los factores de riesgo van de la mano de la planificación y los municipios y las administraciones municipales, en su gran mayoría, le han dado la espalda a esos instrumentos de gestión del riesgo porque se debe involucrar la gestión inmobiliaria, el suelo, hacia dónde crecer, cómo diseñar y aplicar instrumentos de gestión urbana y ahí es donde nuestras ciudades tienen un atraso muy fuerte en su proceso de desarrollo urbano”, manifestó el ingeniero Fáber Mosquera.

Sin zonas nuevas de crecimiento

Durante el foro se conoció que la ciudad no tiene la capacidad para generar nuevas zonas de crecimiento. Además, aquellas zonas de riesgo de hace 24 años que quedaron evidenciadas con el sismo se reubicaron en algún momento, pero se volvieron a reproducir y hoy en día existen 61 asentamientos en informalidad con 42 hectáreas ocupadas, de las cuales 15 están en zona de riesgo.
 

Microzonificación sísmica

El geólogo Armando Espinosa Baquero señaló que entre los principales avances que dejó el terremoto de 1999 es que, aunque tarde, se generó con recursos del Sistema General de Regalías, SGR, los estudios de microzonificación sísmica y hace 2 años se firmó un contrato entre la gobernación del Quindío y la Universidad del Quindío y finalmente en noviembre del año anterior se inició el proyecto.

“Tenemos en Armenia el mejor equipo que pueda existir en el país para ese tipo de estudio porque es precisamente el lado positivo del sismo: es que formamos una cantidad de gente en unas disciplinas en las cuales somos lo mejor del país. Tenemos un equipo técnico altamente capacitado para este estudio y esperamos que a finales de este año tengamos el resultado final que pasará a la comunidad y a las autoridades para que se vuelva una norma”, señaló Espinosa Baquero.

Dijo que la tardanza en adelantar estos estudios obedece a falta de voluntad política, porque en 2010 fue promovida una ley de la República que obligaba a las ciudades de más 200.000 habitantes a hacer los estudios de microzonificación sísmica o actualizar los que ya tuvieran y, sin embargo, aunque en el Quindío se hicieron propuestas o se recibió el apoyo, se gastaron 10 años en sacar adelante el actual proyecto.

“El problema es que en esos 10 años se hicieron cosas que no se debieron hacer, se ocuparon zonas que posiblemente el estudio nos dirá que no debían ser ocupadas”, señaló el geólogo.
 

Actualizar inventario de edificaciones

Los ponentes del foro sobre el terremoto también hablaron de las edificaciones y el trabajo que se debe hacer para actualizar un inventario que permita identificar si las edificaciones, sobre todo las viejas, fueron reforzadas para un eventual sismo.

Desde la academia, el decano del programa de arquitectura de la Universidad La Gran Colombia, José Gregorio Vallejo Toro, dijo que se ha trabajado en identificar algunas edificaciones que históricamente no han tenido procesos de reforzamiento  estructural.

El ingeniero estructural Mauricio Díaz Bahamón señaló que sí hay un inventario de edificaciones que por ley deben ser actualizadas, o reestructuradas, sin embargo, en el sector privado es muy difícil entrar a revisar cuáles de las edificaciones de la ciudad requieren una intervención porque por su carácter privado es difícil acceder a ellas.

Destacó casos como el proyecto de reforzamiento estructural que se adelantó en el Hospital San Juan de Dios desde hace 10 años donde su estructura, respuesta hospitalaria y respuesta ante sismos se ha fortalecido con técnicas novedosas como disipadores sísmicos que permiten que ese hospital pueda tener una mejor respuesta.

“Tenemos que revisar las otras edificaciones públicas y privadas, qué respuesta han tenido porque es tangible que muchas edificaciones después de 24 años siguen igual a como las dejó el terremoto”, dijo el ingeniero estructural.

Zona rural y construcciones

Frente a la zona rural del departamento, el geólogo Espinosa Baquero señaló que el estudio de microzonificación sísmica que se adelanta no es solo de Armenia, sino de todo el Quindío, por lo tanto, se tendrá dentro de muy poco en todos los casos urbanos un resultado de comportamiento del suelo en caso de sismo que va a permitir tomar las medidas que corresponden en todos los municipios.

El decano de arquitectura de la Universidad La Gran Colombia también manifestó que desde la academia se ha adelantado un inventario de 400 fincas que se le ha trasladado a las alcaldías municipales para que comiencen a gestionar instrumentos de mejoramiento y protección de ese bien desde lo estructural, pero han hecho caso omiso a ese proceso, excepto el municipio de Córdoba que sí ha prestado atención.

Finalmente, frente a otros temas relacionados con las enseñanzas que dejó el terremoto de hace 24 años, los ponentes hablaron del fortalecimiento que han tenido los cuerpos de bomberos y unidades de búsqueda y rescate que les ha permitido viajar a otros países a ayudar en la atención de emergencias.

También mencionaron la preocupación por cómo está creciendo la ciudad, la falta de administración del territorio, de hacer cumplir la normatividad, de estar haciendo trabajo de campo con estas comunidades que están asentadas en estas zonas de riesgo, porque eso constituye una bomba de tiempo que puede generar un efecto mayor de lo que pasó en 1999.

Señalaron además que es necesario construir una política pública para afrontar el tema de los asentamientos urbanos informales y que se debe ser más riguroso en el cumplimiento de los lineamientos normativos hacia algunos sistemas constructivos que no son adecuados.

Hay un crecimiento desmedido de la ciudad y entonces ocurre que se aumenta la vulnerabilidad, es decir cuando las cosas crecen rápido no se adaptan a la respuesta que se deben dar ante los fenómenos naturales y se ocupan zonas que no deberían y que los estudios nos van a decir, pero demasiado tarde que no se debían ocupar”, señalaron durante el foro.
 

Frente al volcán Machín

En el foro ‘Terremoto de 1999: enseñanzas, desafíos y pendientes en gestión del riesgo’, el geólogo Armando Espinosa Baquero dijo que la amenaza del volcán Machín ha sido evaluada correctamente por el Servicio Geológico Colombiano, institución que tiene las capacidades y el personal idóneo para monitorear la alerta.

El problema, desde su punto de vista, es que se debe trabajar en adelantar estudios que permitan calcular que en el momento que el volcán haga erupción, en Armenia cuántas casas van a colapsar, cuántos edificios van a sufrir daños, qué va a pasar con el agua, es decir, estudiar todos los ámbitos para que desde las administraciones municipales se empiecen a tomar medidas de prevención.

El ingeniero Fáber Mosquera señaló que el Machín es un volcán que lleva 13 años en alerta amarilla y que el Servicio Geológico Colombiano que es uno de los mejores del mundo hace además de monitoreo de la parte sísmica de la temperatura de las aguas termales, del contenido de los gases de las fumarolas, de la temperatura de la superficie del domo central.

“Entre esos elementos que monitorean se tiene que no ha habido unos cambios importantes por eso el servicio geológico no ha aumentado el nivel de alerta a un nivel naranja que sería una erupción en curso, por eso está en amarillo porque lo que se ha visto es el aumento en la actividad sísmica que no da un pie para generar un aumento de alarma y generar evacuaciones sobre la zona”, expresó Mosquera Álvarez.

Informó que la universidad La Gran Colombia con la facultad de Ingeniería geográfica ambiental hizo hace poco un estudio sobre caída de ceniza en el Quindío y cuantificó el peso de la caída de ceniza y se habla más o menos de que un metro cuadrado por alrededor de unos 70 centímetros de ceniza, que puede pesar una tonelada, por lo que se debe pensar en la exposición que puede sufrir las estructuras como techos.

Los participantes del foro manifestaron que la erupción de un volcán como el Machín normalmente debe durar 3 o 4 años durante los cuales temblará todos los días. “Pero si el servicio geológico nos dijera que estamos en alerta naranja o roja ya es tarde en Armenia para tomar las medidas porque no hay los estudios de vulnerabilidad, se deben hacer ya”, concluyeron.

FUENTE lanuevacronicadelquindio.com