«El Proceso de paz del gobierno Santos con el ELN no fue un fracaso»: José Noe Ríos

El ex miembro de la Comisión negociadora no comparte la visión de diálogo fallido que dio el General Eduardo Herrera en una entrevista publicada en Las2orillas. Aquí están sus argumentos

El ex miembro de la Comisión negociadora de paz con la guerrilla del ELN en el gobierno de Juan Manuel Santos, José Noe Ríos, difiere de la visión que dio el General (R) Eduard Herrera Verbel en una conversación con el analista Juan Manuel Ospina y que fue publicada con el titulo «La fallida negociación del gobierno Santos con el ELN. Revelaciones”.

José Noe Ríos escribió el siguiente texto en el que fija su posición:

NI TANTO QUE QUEME AL SANTO NI TAN POCO QUE NO LO ALUMBRE
Por: José Noé Ríos Muñoz*

El Portal Las2orillas publicó la semana pasada una entrevista con el Mayor General Eduardo Herrera, titulada “ La fallida negociación del gobierno Santos con el ELN. Revelaciones”. El contenido de la entrevista, así como el del libro “¿Un proceso de paz inútil?” que motivó dicha conversación, dejan la falsa sensación de que el proceso fue un fracaso.

Nada mas lejano de la realidad. Independiente de las opiniones que expresa el Mayor General, por supuesto respetables, hace afirmaciones que riñen con la verdad, que desinforman sobre la realidad de los acontecimientos y dejan en la opinión pública, un mensaje equivocado que es conveniente aclarar.

La búsqueda de acuerdos con las guerrillas, complejas de por sí, tienen una serie muy amplia de componentes con incidencia en su desarrollo y sus resultados que siempre van a ser objeto de críticas por parte de quienes estiman que las distintas fases de la negociación no se están llevando de manera adecuada y los que consideran que la solución política no es camino para resolver esta clase de conflictos.

La negociación de la Administración Santos con el ELN tuvo dos características que deben ser tenidas en cuenta en cualquier análisis: Una, cuando se inició la fase pública, el 7 de febrero de 2017, ya hacía 5 meses que se había firmado el acuerdo de paz con las Farc y se había iniciado la implementación de los compromisos y dos, las negociaciones se llevaron a cabo en plena campaña electoral para elegir el Presidente de la República que asumiría la dirección del estado el 7 de agosto de 2018.

Lo primero que hay que decir es que cuando finalizó la administración Santos el proceso no había terminado, como lo quieren hacer ver Herrera y otros analistas. El VI ciclo de diálogo se cerró el primero de agosto de 2018, no la negociación. El informe de empalme le mostró a los delegados del gobierno entrante que la mesa estaba abierta y por supuesto que ahora le correspondía a la administración Duque tomar las decisiones sobre el proceso. Como es sabido de todos, el Presidente Duque anunció en su discurso de posesión que harían un análisis de la situación antes de tomar decisiones y el condenable acto terrorista del 17 de enero de 2019 en la Escuela de Policía General Santander clausuró la posibilidad de retomar las negociaciones. Pero hay que destacar que la Mesa no está oficialmente clausurada. No hay una resolución de gobierno que así lo determine.

Se ha dicho que el gobierno no tuvo interés en esta negociación y que la dejó tirada a su suerte después de que la fase reservada concluyó el 30 de marzo de 2016, cuando se firmó y dio a conocer a la opinión pública La Agenda de temas, en Caracas, y que dilató las cosas hasta el 7 de febrero del año siguiente, porque estaba interesado solo en el proceso con las Farc.
Olvidan que el mismo día que se firmó la agenda, el 30 de marzo de 2016, el Presidente Santos hizo saber al ELN, en alocución al país, que la negociación comenzaría a partir de que estuvieran liberados los secuestrados que estaban en su poder. Esperando que esas circunstancias se dieran, hubo un período de 11 meses que duró hasta cuando fue liberado el 3 de febrero de 2017, Odín Sánchez, exgobernador del Chocó. La Mesa Pública inició la negociación el 9 de febrero.

Organizaciones sociales, la iglesia, personalidades, medios de comunicación, personas de buena voluntad, ayudaron durante ese tiempo a generar las condiciones para iniciar la negociación, no en mesa paralela, que ya no había, sino en gestiones humanitarias.

Y sobre el desarrollo de la Mesa se hacen diferentes críticas: no hubo sinergia con la Mesa de Negociación gobierno – Farc, no comparten los acuerdos alcanzados durante los 17 meses que estuvo abierta la Mesa (hasta el 7 de agosto de 2018), ni siquiera se inició la discusión del punto uno de la agenda, no hubo estrategia y en cambio sí, una mesa paralela. Varios comentarios:

Obvio que no hubo sinergia entre las dos mesas de negociación porque como se dijo antes, cuando se inició la Mesa pública con el ELN ya se había firmado el acuerdo con las Farc. Lo que sí hubo fueron instrucciones precisas del Presidente de la República en el sentido de que los puntos relacionados con víctimas (JEP), desarme y desmovilización ya tenían andado el camino en los acuerdos suscritos con las Farc, y deberían ser la base para cualquier acuerdo.

La Mesa Pública dejó resultados, de un inmenso valor, que necesariamente deben ser tenidos en cuenta cuando la voluntad política le apunte a una nueva mesa de entendimiento que, ojalá fuera una continuidad de la que está abierta, con los ajustes que las partes consideren necesarios.

Destaco cinco resultados concretos: la firma de un cese al fuego temporal y bilateral por tres meses y nueve días, que contó con un mecanismo de verificación que permitió una evaluación satisfactoria de las Naciones Unidas; la realización de las llamadas “Audiencias de Tocancipá, que fueron un ejercicio que facilitó que más de doscientas organizaciones de la sociedad se expresaran sobre sus inquietudes en la forma de participación en el proceso, todas, a partir del objetivo básico de la terminación del conflicto armado; la organización de todo el esquema de acompañamiento internacional como testigos, garantes y amigos del proceso; los avances por acuerdos regionales de aplicación inmediata como el “El Acuerdo Humanitario ya en el Chocó” el desminado en un territorio de Nariño, y, el inicio de la discusión del punto 1 de la Agenda: Participación de la Sociedad Civil en la Construcción de la Paz.

Estos consensos y los demás que no menciono en aras de la brevedad, fueron tramitados en pleno acatamiento de las instrucciones dadas por el señor Presidente quien tenía clara la estrategia y había trasmitido a los miembros de la Mesa Negociadora su objetivo primario de terminar el conflicto armado con esa organización guerrillera, tarea que fue el norte de los dos jefes de delegación que tuvo el proceso, los doctores Juan Camilo Restrepo y Gustavo Bell.

El grupo asesor integrado por profesionales especializados de la Oficina del Alto Comisionado para La Paz, en conexión directa con el Alto Comisionado Sergio Jaramillo, contribuyó de manera permanente a elaborar los documentos requeridos y fue la base para la construcción diaria de los puntos básicos que, después de análisis detenidos, debían alimentar la reunión del día siguiente.

Se ha podido lograr más? Seguramente sí. El debate electoral que concluyó con la elección del Presidente Iván Duque pudo haber afectado el desarrollo de las conversaciones. Algunos pensaban que un eventual acuerdo antes del 7 de agosto debía contar con el aval del Presidente electo y otros considerábamos que Santos ejercía de manera autónoma hasta el último minuto de su mandato. Y el ELN seguramente estimó más conveniente dar un margen de espera hasta la posesión del nuevo mandatario y una evaluación detenida de la implementación del acuerdo de paz suscrito con las Farc.

El esfuerzo final de apoyo a la Mesa que se hizo con participación algunos buenos componedores debidamente autorizados por el gobierno y, que algunos detractores han llamado de manera mal intencionada mesa paralela no prosperó, entre otras y según se supo después, por indebida injerencia de supuestos delegados del nuevo gobierno que entorpecieron cualquier posibilidad de llegar a un acuerdo, así no fuera el definitivo, por ejemplo el cese al fuego, antes de terminar la anterior administración.
Por lo demás, la negociación es un arte antes que una ciencia y siempre se transita un camino hacia el mejor acuerdo, a partir de corregir errores y analizar experiencias.

Una nueva Mesa con el ELN tendrá que tener en cuenta todo este recorrido, le evolución de esa organización guerrillera en estos 31 meses, tanto en lo político como en la forma de actuar, los ajustes a la Agenda que fueren requeridos, la incidencia internacional y conformar un equipo de negociadores comprometidos con la tarea encomendada, con disposición para escuchar al otro con la intención de entenderlo, que coloquen la posibilidad del acuerdo por encima de cualquier otro interés y que adopten en el proceso y en la Mesa una estrategia de construcción colectiva y progresiva, antes que de confrontación y pugnacidad.