¿El escrache es legal en Colombia? Conozca más sobre esta herramienta de denuncia pública

El escrache surgió en Argentina como un medio para denunciar hechos que en el marco de la dictadura no eran tratados adecuadamente y se quedaban impunes.

En el 2021 y el 2022, la Corte Constitucional se pronunció sobre el escrache, reconociendo que no debe prohibirse ni restringirse.

Desde el 2019, el término escrache tomó fuerza como herramienta para denunciar públicamente situaciones de violencia contra las mujeres. NUEVA CRÓNICA QUINDÍO conoció las historias de María y Laura -a solicitud de quienes reservamos su identidad-, 2 mujeres que hace varios meses, mediante medios diversos, se vieron obligadas a hacer uso del escrache como recurso para acusar hechos de acoso sexual de los que sostuvieron haber sido víctimas. Aquí sus relatos.

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María, recientemente, culminó su bachillerato. En octubre, junto con otras compañeras denunciaron en Instagram y en Facebook a un docente de la institución por hostigamiento debido a que ni en la institución educativa ni otras entidades las escuchaban. “Lo que nos llevó al escrache fue un presunto acoso por parte de un profesor contra más de 17 estudiantes, situación que se estaba intentando quedar entre las paredes de la institución, como si se procurara silenciar lo que evidentemente se sabía que estaba pasando. Las autoridades como Fiscalía, ICBF y la secretaría de Educación no se habían pronunciado de la manera en la que, según teníamos entendido, debían hacerlo. Entonces decidimos usar el escrache y esto puso presión en ellos para que se movieran e hicieran algo”.

La denuncia por redes sociales, según María, tenía 2 objetivos importantes: “El primero era dar a conocer lo que le estaba pasando a las niñas de la institución. Cuando lo publicamos, dijeron que esa no era la manera y que prácticamente estábamos manchando el nombre del colegio y del profesor, pero ninguno se detuvo a pensar que eso se hubiera ahorrado si desde hace mucho se hubiera prestado atención al problema del acoso no sólo con este profesor si no con otros más”.

María agregó: “el segundo objetivo del escrache fue visibilizar porque en un momento, cuando sólo se sabía en el colegio lo que estaba haciendo ese docente, parecíamos insectos para los demás, hubo rechazo, presión, indirectas y persecución por parte de todos: compañeros, amigos, profesores y algunos directivos. Sentimos miedo de que algo nos pasara a nosotras, las chicas anónimas denunciantes. Fue así como al menos nos prestaron un poco más atención desde afuera -con eso me refiero a las entidades públicas-.

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Laura, por su parte, narró: “Un día de un partido de fútbol me encontré con una amiga y un amigo y nos sentamos a tomar cerveza en Armenia. Luego, llegó un amigo del hombre con el que estaba, es claro que el que llegó, era apenas conocido, no teníamos confianza. Él venía un poco tomado y con el paso de las horas se puso pesado y me tocó sin mi consentimiento, me acosó, me dijo palabras horribles y abusó de su poder. Las personas que estaban fueron testigos y tampoco hicieron nada. Yo llegué esa noche a casa con náuseas, lloré y entré en pánico. No entendía nada. Luego hablé con otro amigo y me aconsejó que denunciara. Como yo no sabía la forma, al final me decidí por escribir una columna de opinión usando seudónimos”.
 

Origen del término

El término escrache se originó en Argentina. Fue una herramienta mediante la cual se buscó hacer frente a los casos de desapariciones forzadas y vulneración a los derechos humanos que se presentaron durante la dictadura de Jorge Videla. El lema que entonces surgió fue: “si no hay justicia, hay escrache”.

De tal manera, se gestó como un recurso para denunciar las injusticias. El término se extendió por Latinoamérica hasta que grupos de mujeres lo adoptaron para hacer denuncias públicas frente a casos de abuso, acoso sexual y hechos de violencia, esto con el fin de visibilizar las violencias de las que las mujeres son víctimas y como respuesta a las deficiencias de acceso a la justicia del sistema jurídico.

Desde la Red Jurídica Feminista y Tamboras Insurrectas, organizaciones colombianas, se comunicó sobre esta herramienta: “El escrache se ha convertido en una forma eficaz de combatir la impunidad judicial por medio de la sanción social, y, también, ha pasado a ser una herramienta de prevención de nuevos hechos violentos. Ello sucede debido a que el nivel de alcance de la información, el carácter público y la identificación de los agresores permite alertar a quienes podrían ser víctimas de violencias”.

Reflexiones

Juliana Gómez Nieto, docente, escritora e integrante de la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe, anotó: “He acompañado el escrache a título personal y como parte de los colectivos y organizaciones a las cuales pertenezco. Considero que los motivos para hacer escrache tienen que ver con barreras que existen en los sistemas judiciales en el país y en la sociedad con relación a la garantía de los derechos humanos de las mujeres. Sabemos que el sistema judicial es patriarcal y muchas veces ocurre que las mujeres nos sentimos revictimizadas por las instituciones que deberían protegernos. Pasa en todos los niveles: hospitales y hasta en espacios de Fiscalía. Entonces el escrache es un medio que se ha adoptado para denunciar algo que está ocurriendo y visibilizar que el sistema judicial que debería proteger y acompañar a las víctimas, no está siendo efectivo”.

De igual manera, destacó que el escrache tiene algo muy interesante porque “es una forma de agenciamiento de mujeres víctimas de violencia debido a que implica un ejercicio de enunciación de las mujeres al decir ‘yo estoy acá, esto me pasó y voy a contarlo a mi manera’. En esa medida es un medio muy poderoso”.

Además, indicó que, de cierto modo, desde hace un tiempo el movimiento feminista viene visibilizando las violencias y mostrando que es algo estructural que ha devenido en procesos de creación de leyes. “Pero sabemos que la aplicación de estas leyes requiere de un proceso de pedagogía tanto de funcionarios públicos como de la sociedad. El escrache es una forma de resistencia, sin embargo, es importante aclarar que es un medio, no un fin porque el problema de las violencias es tan estructural y profundo que no basta con hacer acciones aisladas. Creo que la sociedad debe preguntarse qué hacer con esto, el tema de la violencia contra la mujer requeriría una justicia transicional para abordar este tema”. 
 

¿Es legal el escrache?

En Colombia el asunto es reciente. En el 2020, mediante el colectivo Tamboras Insurrectas, de Cali, se usó el escrache para denunciar un caso de abuso sexual. El supuesto victimario, entonces instauró una tutela contra el grupo amparándose en que se le habían vulnerado derechos a la intimidad, honra, imagen, buen nombre y presunción de inocencia, motivo por el que 2 meses más tarde, en primera instancia la jueza falló a favor de Tamboras debido a que determinó que no era procedente la concesión de protección de los derechos fundamentales.

No obstante, más adelante, el presunto agresor pidió la revisión de la determinación y en segunda instancia se anuló la decisión anterior por lo que se estableció que el colectivo había vulnerado los derechos fundamentales del entonces presunto agresor.

En el 2021, la Corte Constitucional seleccionó la tutela con el objeto de revisarla a fondo y en agosto del mismo año reconocieron: “la sentencia de segunda instancia es parcialmente correcta y el escrache tiene una protección reforzada por la Constitución Política por ser una manifestación de la libertad de expresión”. No obstante, también insistieron -en la Sentencia T- 275 de 2021– que las denuncias públicas son: “un ejercicio legítimo de la libertad de expresión y goza de protección constitucional reforzada”.

En otras palabras, lo anteriormente citado indica que al momento de hacer uso del escrache si bien es posible la vulneración de derechos como la honra, buen nombre, presunción de inocencia e intimidad, eso no implica que la denuncia pública deba prohibirse. “Los espacios y foros de denuncia de estos actos deben ser ampliados, no restringidos ni silenciados”, aclaró la Corte. Las fronteras son frágiles.

Más adelante se volvió sobre el problema jurídico. La Sentencia T-061 de 2022, en la que abordó la decisión frente al caso del profesor Fabián Sanabria, quien hubiese sido escrachado por actos de violencia sexual en la universidad Nacional, denuncia a la que el implicado hizo frente con una demanda por violación a sus derechos de honra, buen nombre e intimidad. Sin embargo, frente a la misma, la Corte insistió en que el escrache es legítimo en tanto que se ampara en la libertad de expresión y que, en este caso, el discurso tenía una protección reforzada.

Sobre este punto, también Gómez Nieto aclaró: “Se han dado una serie de tensiones con relación a denuncias que personas han puesto contra mujeres y colectivos que los han escrachado. La Corte ya se pronunció sobre el escrache digital y lo que dice es que es un ejercicio legítimo que goza de protección constitucional reforzada. Esto tiene que ver con el hecho de que la información que se revela lo que hace es alertar y contribuir a la prevención, la investigación y la sanción de los actos de violencia. Se supone que hay una tensión entre los derechos porque están las víctimas, en una parte y su derecho a informar y expresarse, y por el otro lado, la supuesta vulneración al buen nombre de los implicados”

Efectividad

Sobre lo que vino después del escrache, María opinó: “Es una buena herramienta para hacer visible la violencia en general hacia la mujer, pero con eso también te expones a que las cosas no salgan como lo planeas. Por ejemplo, con la publicación de una nota sobre el tema en un periódico del Quindío, en Facebook hicieron muchos comentarios con un montón de justificaciones hacia el comportamiento del profesor. Decían: “las niñas seguro van perdiendo el año”, “seguro el profesor no se las quiso comer”, “seguro no les prestó atención”, “no les quiso subir la nota”. Entonces te haces viral, expones tu problema, no obstante ¿a qué costo? Si lo primero que ves es un montón de gente justificando lo que te marcó”.

Después de las denuncias públicas y las radicaciones del caso en las entidades, comentó María: “Las entidades sí se pronunciaron, pero no en la manera en la que era. Hasta ahora, la entidad que más ha estado pendiente es la Defensoría del Pueblo, desde un principio ellos fueron los primeros en hacer algo respecto al caso.  La secretaría de Educación ha estado presente también. Sin embargo, por ejemplo, de la Fiscalía, la señora investigadora hizo sus entrevistas conmigo, yo le llevé lo que tenía que llevarle, pero hubo un momento donde se desconectó todo, porque muchos papás todavía no tenían idea de qué sus niñas estaban haciendo parte de ese proceso; ella pretendía que yo le llevara todo a sus manos y hubo un momento donde yo llegaba a mi casa a llorar. Solo a eso porque me sentía tan presionada, ella me amenazó unas cuantas veces y siempre hacía advertencias sobre lo que estaba haciendo”.

Además, aseguró que, las acciones que han tomado han sido las correctas y que, aunque el proceso jurídico va lento, se mueve.

Laura también acotó sobre el particular: “Esta herramienta es completamente necesaria para visibilizar abusos. Cuando denuncié me di cuenta de que este personaje también había hecho lo mismo con otras mujeres. Ellas me agradecieron por haber sido valiente al hacer esto público. Después de denunciar me llamó ese personaje y sus amigos quienes lo negaron todo y dijeron que eso no podía ser así. Creo que es fundamental el escrache para nosotras las mujeres para que no nos enfrentamos a nuestros abusadores”.
 

Recomendaciones de la Corte

La Corte Constitucional, a partir de las sentencias mencionadas del 2021 y del 2022, establece unos puntos fundamentales para tener en cuenta al momento de que las mujeres escrachen por algún tipo de violencia. Desde la Red Jurídica Feminista compartieron: Primero, si los escraches se refieren a la defensa de los derechos humanos de las mujeres, gozan de especial protección constitucional. Segundo, las dificultades de acceso a la justicia, la falta de procesos adecuados en la investigación justifica el escrache como recurso para la protesta. Tercero, la garantía del derecho a la presunción de inocencia no exige que solo se pueda hacer escrache en caso de que haya sentencia condenatoria. Cuarto, los datos personales como cédula, dirección de residencia y fotos de otras personas deben cuidarse al momento de hacer escrache debido a que implican afectación de los derechos a la intimidad y la imagen.

“La recomendación es para que cuando una mujer vaya a hacer un escrache busque una red de apoyo -colectivos y organizaciones feministas-, creo que es importante cualificar la información y organizarnos para saber qué podemos decir y qué no. Es relevante señalar que también es legítimo no denunciar, es decir que la víctima no quiera escrachar. El escrache no se puede convertir en una obligación, tiene que ser una decisión autónoma”, señaló Gómez Nieto.

FUENTE lanuevacronicadelquindio.com