El emporio de Andres Corson, el poderoso pastor del Lugar de Su Presencia

Son más de 40 mil los fieles que siguen al australiano quien a punta de diezmos tiene 26 propiedades alrededor de su mega sede en el barrio La Castellana

A los once años Andrés Corson se hacía en la última fila de las iglesias. No oraba. Sólo se fijaba en el pastor. En su mente analizaba el movimiento de las manos, la entonación, la prédica. “Nunca lo haría así” pensaba. Había que comunicar, ser un puente. Quería ser pastor, era su única ambición en su vida, esa y ser un millonario que donaba toda su fortuna a las iglesias del mundo.

Corson venía de una familia de predicadores. Sus abuelos maternos, el australiano Patricio Symes y la galesa Elena Jones, llegaron al país en 1933. En esa época el presidente era Enrique Olaya Herrera y Colombia intentaba dejar atrás los oscuros años de la hegemonía conservadora. Por eso llegaban al país en esos años los primeros presbiteranos a Colombia. Ellos acogieron a Symes y Jones y, con su ayuda, emprendieron la cruzada de enseñarle a orar a los bogotanos sin escapularios, cruces o imágenes de virgenes. Tres años después de su llegada la pareja adecuó una casa en el barrio Tres Esquinas donde hicieron una de las primeras iglesias cristianas que conoció la ciudad.

Era todo un reto en una sociedad cerradamente católica. En los primeros meses los predicadores deberían recoger mierda revuelta con basura que les dejaban los vecinos del sector, como una muestra de rechazo.  Persistentes transmitieron a sus dos hijas, Joy y Ruth, el fervor cristiano. Sin embargo sería Andrés el que terminaría de romper el molde.

Andrés no se parece a lo que uno espera debe ser un pastor tradicional. Es directo, franco e irresistiblemente gracioso y distraído. Es capaz de reconocer que no está hecho de hojas de salmos y que alguna vez incluso fue adicto a la pornografía. Dice que parte de su éxito se lo debe justamente a eso, a su déficit de atención. Si está en plena prédica y ve a alguno de sus fieles levantarse de su asiento, él lo acompaña con la mirada y se pone a pensar “qué le habrá molestado” “qué estaré haciendo mal” porque su obsesión es mantener captada la atención.

Enseñó a punta de disciplina a su audiencia que las puertas se cierran cuando la súper banda que lo acompaña comienza a tocar. Quien no logra entrar se queda por fuera En eso es inflexible y  en su tenacidad por convertir El lugar de su presencia en una de la iglesias cristianas más poderosas de Latinoamérica.

Era 1993 y, junto con su esposa, Rocio y su papá Guillermo abrieron en una sala prestada en la calle 85 con la carrera 18 que llenaron a punta de invitar primos y familiares lejanos. Se vivía con usd 400 dólares al mes y la iglesia tenía el improbable nombre de Amistad Cristiana. Tres años después, con unos cuantos más feligreses a cuesta, se trasladaron a un lugar un poco más grande en la calle 79 con 9, prestada por la Sociedad Bíblica Colombiana. Eran años duros. Corson tenía que hacer todo, dirigía la alabanza, tocaba el piano y hasta hacia aseo.

Antes de  entrar en la cuarentena obligatoria para enfrentar la pandemia, su mamá, Ruth, era tan abnegada que trabajaba sin parar doce horas, desde as 8 de la mañana y hasta  a las 8 de la noche y ayudaba en lo que fuera porque, aunque tienen 210 personas que trabajan para la iglesia, y las 48 propiedades que tiene en los barrios Castellana y el barrio La Campiña en Suba, un inmenso lugar donde alguna vez funcionó un centro comercial, un campus en el barrio El Nogal, una emisora de radio, así como en ciudades como Medellín, Texas y Miami.

Hace treinta años el Barrio La Castellana era conocido por el Teatro Nacional. Era un barrio residencial que tenía un gran teatro y la economía informal giraba en torno a él. Aunque el teatro aún está hay el eje del barrio cambió y ahora la atracción es el centro de culto del Lugar de su presencia rodeado por construcciones que le pertenecen a la iglesia;  heladerías, restaurantes y hasta papelerías tienen algun elemento que los relaciona con la iglesia.

El 2020 fue un año duro, durísimo. No sólo por los problemas económicos que puede arrastrar el cierre de las iglesias sino por la falta que le hace a Corson el contacto con los casi 40 mil fieles que visitan su iglesia, el sonido lo pone el grupo NxtWave que es capaz de tocar desde reggeae hasta rock pesado cristiano.

Es grande el esfuerzo detrás de este emporio que empezó en la actual sede, el 17 de febrero del 2007 con una innovación que fue contratar una batería para volver más sonora banda de rock. Sus fieles le dijeron al instrumento “la horrenda caja de satán”. La otra banda musical, la que alguna vez se llamó Éxodo 33:14, ahora lleva el nombre de Su presencia y ya cuenta con siete discos, todos éxitos de venta porque la gente que va a la iglesia los sigue sin restricciones. Para ser miembro de la iglesia no sólo basta con ser bautizado sino que también se debe hacer un curso bíblico de varios meses.

El mensaje de Corson y su iglesia durante la pandemia no amaina, sustituyó la comunicación con sus 40 mil files . Para comunicarse con sus fieles gente conectarse tienen con recursos de no presenciales y recurrió a costosas inversiones en espacios radiales comerciales como  la emisora Blu Radio y otro en el sitio Web del Tiempo. Tiene claro que la clave de todo está en la comunicación.

Corson es respetado por otros pastores latinoamericanos como Marcos Witt o Dante Gebel, mediáticos pastores capaz de colmar estadios enteros de jóvenes entusiastas. . Con un aspecto juvenil a pesar de sus 56 años, maneja su poder sin arrogancia  y espera cuando se controle la pandemia regresar a los  escenarios colmados de asistentes, casi todos jóvenes, que se acercan cansados de la Iglesia Católica y su evangelio de piedra difícil de traducir a la vida cotidiana este carismático pastor le habla a la gente de la cotidianidad, regaña, orienta y su audiencia le sigue y contribuye con su diezmo para mantener la iglesia.

Corson sigue creyendo que ser gay es una enfermedad, este fue el lugar donde el famoso bailarín Nehrú afirmó haberse curado de la homosexualidad. La iglesia asumió una postura contra las cartillas sobre igualdad de género de la entonces ministra de educación Gina Parody pero ha tratado de mantenerse alejados de posturas políticas radicales. La clave del éxito de Corson es su empatía con los jóvenes quienes se deslumbran por un sermón lleno de pirotecnia, fuerza y rock. Por eso, cada viernes, las filas se extienden por varias cuadras del barrio La Castellana.