Construyendo su leyenda

Construyendo su leyenda

Leonardo Bohórquez Martínez, nadador quindiano.

El nadador quindiano brilló en el Campeonato Centroamericano y del Caribe y la Copa Marcelo Salado versión máster: Copa Ramón Cordovés, que se cumplió en Cuba.
 

Llegó a Cuba cansado, después del extenuante viaje; pero el desgaste no fue tanto por las largas horas de vuelo, sino más bien por la búsqueda del patrocinio para poder competir en representación de su país.

Recorrió La Habana, con la bandera de Colombia sobre sus hombros; mientras escuchaba a lo lejos el rumor de los sones isleños y contemplaba la misma panorámica que a aquel viejo que salió de la pluma de Hemingway para navegar sobre la corriente del golfo supo hipnotizar.

La Habana Vieja lo había esperado en el momento justo para que levantara sus brazos en señal de victoria. No hubo tiempo para el descanso, después de las cinco horas y media de vuelo entre Bogotá y la capital cubana; no hubo tiempo para nada, solo para sumergirse en aquel mar en busca de un tesoro.

Llegó en la mañana del lunes de San Perfecto, y con su legión lista, un compañero de Medellín y otro residente en Estados Unidos, se desplazaron por tierra hasta Varadero, a 36 kilómetros de Matanzas. El Campeonato Centroamericano y del Caribe, Copa Marcelo Salado’ versión máster: Copa Ramón Cordovés’ lo habían aplazado desde 2020, por motivo de la pandemia, pero en Medellín recibió el llamado definitivo para vestir los colores de la tricolor.

La versión 14 de las competencias tendrían lugar en una piscina oficial de 25 metros de largo y 6 carriles, y reuniría a deportistas desde los 19 años de edad, divididos en categorías de 5 años, la suya, de 40 a 44. El cronometraje manual estaría a cargo de los jueces y cronometristas de la Federación Cubana de Natación; mientras que la organización la realizaría el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación de Cuba junto con la Federación.

El seleccionador nacional de Colombia aportó la hidratación y los uniformes y cada deportista asumió sus gastos. En el caso de Leonardo, puso la mitad del costo de sus tiquetes y lo necesario para el alojamiento; mientras que entre familiares y amigos completaron el monto, que ascendió a 14.00 dólares —$5 millones y medio—, de los cuales él aportó 1.000.

En los 50 metros pecho, detuvo los cronómetros en 31.41 segundos, con lo que se acomoda por debajo de la marca exigida para actuar en los próximos Juegos Deportivos Nacionales Eje Cafetero-2023, 33.33 segundos. Ahora el reto es conseguir la marca en los 100 metros pecho. 

Lo impactó esa Cuba detenida en el tiempo, en la década de los 60, en los días de la Revolución, con su vejez eterna que bien representan sus carros antiguos como sacados de una película del pasado. Pero ellos, habitantes del mundo moderno que hay al otro lado del mar, disfrutaron de los privilegios que la gran mayoría de los cubanos ven lejanos; por ejemplo, su alimentación fue excelente, tipo bufet, y sortearon las complicaciones de no poder utilizar dólares ni tarjetas, por el rechazo cubano a todo lo que represente a Estados Unidos y su carácter imperialista. 

Los organizadores los ayudaron a cambiar euros por la moneda local, el devaluado peso cubano. Después Leonardo nadó sin parar los días miércoles, jueves, viernes y sábado; y lo hubiera hecho también el domingo, si no hubieran cerrado la playa con bandera roja y no hubieran cancelado el certamen por las condiciones del clima.

En Armenia lo esperaban sus dos hijos, de 11 y 14 años. Es padre soltero y les llevó de regalo el tesoro de preseas que encontró en esa tierra de ensueño y de contrastes a la que llegó a sus 41, después de llevar 35 años como nadador, tras iniciarse bajo las órdenes del histórico Diego Vargas, con quien en 1994 logró ser llamado a la selección Colombia para actuar en el Centroamericano de Barranquilla y en la Copa Pacífico que se desarrolló en zona limítrofe con Brasil, en Amazonas.

Tras un brillante 2003, estuvo cerca de llegar al que llama ‘dream team’ del deporte, los Juegos Olímpicos (Atenas-2004), en los 100 metros pecho, pero no alcanzó la meta, siendo Camilo Becerra el único nacional en obtener un tiquete, en 50 metros libre. 
Su profesión lo llevó a trabajar con Ecopetrol en los Llanos Orientales, donde fue infectado por la helicobacter pylori, que le ocasionó problemas gástricos desde 2006 hasta 2015, alejándolo del deporte; pero superado el trance, regresó a un Panamericano
, vistiendo los colores del Valle del Cauca, y desde ese momento comenzó a reescribir su historia.

Retornó al Quindío, trabaja en la secretaría de Aguas e Infraestructura y el PDA de la gobernación, desde donde lo apoyan flexibilizando sus horarios, algo fundamental para que asista a sus entrenamientos y competencias. Ahora viste los colores que lo identifican, y bajo las órdenes del profesor Gilberto Cruz piensa en los Juegos Nacionales; él mismo diseña sus ciclos deportivos y le apunta a los Panamericanos que próximamente se oficializarán en Medellín.

El equipo nacional fue séptimo en la general, y Leonardo se colgó 6 medallas de oro y 1 de plata y fue elegido como el mejor nadador del torneo. Logró 4 récords cubanos y 2 de Colombia, que tiene que ratificar con cronometraje electrónico en una piscina de 50 metros. Así avanza este león que caza en el agua, el mismo que como ingeniero brilla, pero que como nadador sorprende al construir su leyenda.

FUENTE: LACRONICADELQUINDIO.COM