Conozca la historia de la VIII Brigada del Ejército, a propósito de su cumpleaños 60 (I)

Conozca la historia de la VIII Brigada del Ejército, a propósito de su cumpleaños 60 (I)

Foto : Especial para LA CRÓNICA

Integrada, inicialmente, por los batallones de infantería No. 23 ‘Vencedores’ y el No. 24 ‘Voltígeros’, una compañía de Comando y Servicios, y los batallones de Infantería No. 27 ‘Rifles’, de Artillería No. 4 ‘San Mateo’, de Ingenieros Militares No. 4 ‘Francisco Javier Cisneros’, lanceros de la Cuarta Brigada, e Infantería No. 22 Cazadores.

La violencia de mediados del siglo pasado se precipitó sobre Colombia al tiempo que, paradójicamente, iniciaba un periodo de crecimiento económico acelerado que estuvo marcado por enfrentamientos que incluyeron a diversos actores y a todo tipo de intereses, motivaciones, crímenes y atrocidades incalculables e insuperables. En medio de esa época cruenta, surgió el fenómeno del bandolerismo, derivado de luchas partidistas fratricidas que asolaron la región de Caldas, la cual comprendía al Quindío y a Risaralda.

Esta violencia, como lo afirma el sociólogo Leonardo Gómez: “[…] estuvo enmarcada en el periodo del Frente Nacional y tuvo como protagonistas a los rescoldos de los grupos de pájaros y cuadrillas liberales, que, como dijera el maestro Darío Betancourt, actuaban a la manera de violencia por abajo. Dijéramos, así, criminales que ejercían violencia por intereses particulares, cuyo móvil ya no era representado por un ideal, ni aconsejado o dirigido por miembros de las altas esferas de gobierno, ni siquiera por motivos religiosos, sino que se presentaron como criminales que, sin partido y sin ideología (acostumbrados a delinquir), llevaron a cabo lo que simplemente sabían hacer”.

El Quindío, en particular, como lo describe el notable profesor e historiador Carlos Ortiz, era: “[…] aquel azuche de Caldas, acuñado entre un Departamento liberal (foco de guerrillas) y un Departamento conservador (nido de Pájaros), destinado a convertirse en una encrucijada borrascosa. Sobre todo, Génova, su vértice extremo, se vio transformada en la ‘zona polémica’ entre el bastión conservador de cuadrilleros de Aures (Caicedonia) y los ‘guerrilleros’ liberales de Roncesvalles (Tolima); entre La Maicena Alta (Pijao), controlada por los de Aures, y Cumbarco (Sevilla), fortín de liberales armados. Por el norte, Génova era, además, el puente de contacto entre Aures y La Maicena Alta; y, por el sur, entre Cumbarco y Roncesvalles”.


La región fue una de las más afectadas por la violencia (escenario de confrontaciones sangrientas y desplazamientos); por tal razón, en octubre de 1957, la Junta Militar de Gobierno dispuso la activación de la Jefatura Civil y Militar del Quindío, con sede en Armenia (Decreto 250 del 09 de octubre de 1957), y le otorgó poderes que permitieran pacificar la región, en vista de la grave situación de orden público y de descomposición social que estaba afectando profundamente la integridad de las personas, la seguridad de los campos y la economía. El área de responsabilidad incluía: Armenia, Filandia, Salento, Circasia, Montenegro, Calarcá, Pijao, Génova, Quimbaya, Sevilla, Caicedonia, Alcalá y Ulloa. La Jefatura dependía de dos brigadas, la III y IV, que estaban ubicadas en Cali y Medellín, respectivamente.

Posteriormente, en 1961, se creó el Destacamento Operacional del Quindío, que puso en ejecución (por primera vez) el llamado Plan Lazo. Esta innovadora campaña militar, diseñada por el brigadier general Alberto Ruiz Novoa, siendo comandante del Ejército Nacional, (1960-1962), se concibió como una estrategia para enfrentar los focos de violencia de manera integral; es decir, no atendía solamente la dimensión armada, sino que acompañaba el conjunto del Estado (acción cívico-militar), con el fin de enfrentar con efectividad las causas objetivas de la violencia. El Plan, que incluía grupos localizadores (comandos especializados en operaciones relámpago) y grupos móviles de inteligencia (que actuaban de civil para obtener información rápida y oportuna), fueron parte del éxito de la estrategia y se enfocaron en aquellas zonas del país en donde la violencia era más intensa (Caldas, incluyendo al Quindío y Risaralda, Tolima, Valle del Cauca y Santander). “Logramos que la seguridad se convirtiera en un propósito nacional”, recordaba en una entrevista el general Ruiz Novoa. Fue el primer plan militar de envergadura nacional con objetivos a largo plazo y con definiciones tácticas y operativas inmediatas, que incorporó un aumento del pie de fuerza y de recursos en función de la nueva estrategia.


En el destacamento, convergieron las jurisdicciones de la III, IV y VI Brigada del Ejército (ubicadas en Cali, Medellín e Ibagué, respectivamente); sin embargo, las condiciones de la época y las distancias dificultaron el mando, el apoyo logístico y operacional para efectuar acciones contra las cuadrillas de bandoleros que delinquían en la zona. Los primeros comandantes fueron los coroneles Hernando Currea Cubides (quien sería ministro de Defensa Nacional) y el brigadier general Ricardo Charry Solano.

Por las dificultades de comando, control y logística, el comandante del Ejército, mayor general Jaime Fajardo Pinzón, activó mediante la Disposición 018 del 1 de septiembre de 1962 la VIII Brigada, al mando del coronel Omar Gutiérrez Ospina, con la siguiente jurisdicción: “La zona norte del departamento del Valle, a partir del páramo de Barragán, en el límite con el departamento del Tolima; por el río Bugalagrande hasta su desembocadura en el río Cauca (de allí, aguas abajo hasta la desembocadura del río Pescado); siguiendo el curso de este hasta encontrar el río Sanguinini y, por este último, hasta el departamento del Chocó, siguiendo el límite interdepartamental Valle-Chocó hacia el norte hasta encontrar el límite intermunicipal de San José del Palmar (Chocó) [incluido este], hasta el departamento de Caldas; luego, por el límite interdepartamental Chocó-Antioquia-Caldas hasta encontrar el río Cauca y, por este, aguas arriba, hasta encontrar el límite sur del municipio de Manizales, el cual se sigue hasta el límite con el departamento del Tolima, desde donde se sigue hacia el sur hasta el Páramo de Barragán (punto de partida)”.

Días después, el ministro de Guerra, mayor general Alberto Ruiz Novoa, aprobó su activación mediante la Resolución 877 del 12 de septiembre de 1962. En sus inicios, integraron la Brigada los batallones de infantería No. 23 ‘Vencedores’ y el No. 24 ‘Voltígeros’, además de una compañía de Comando y Servicios; como unidades agregadas los batallones de Infantería No. 27 ‘Rifles’, de Artillería No. 4 ‘San Mateo’, de Ingenieros Militares No. 4 ‘Francisco Javier Cisneros’ y una compañía de lanceros de la Cuarta Brigada, además del Batallón de Infantería No. 22 Cazadores, en calidad de segregado. Por la situación de orden público tan difícil, en octubre de 1962, fue agregado el Batallón Colombia que operó en la región hasta abril de 1963…

Segunda parte, este viernes…

FUENTE LACRONICADELQUINDIO.COM